Halloween: ¿Noche de santos o de brujas?

Para algunos esta es una fiesta inocente y con matices infantiles, para otros se trata de una perversión que exalta macabros ritos que vienen de la oscuridad de las fuerzas del mal. A continuación un resumen histórico de esta particular noche del año.

Jesús Rivero Bertorelli @jrbertorelli

Halloween se festeja cada 31 de octubre. En esa velada, las noches son distintas, sobre todo en Estados Unidos. Esta celebración debe su nombre a la contracción de la frase “All Hallows’ Eve” que se traduce como la Víspera de Todos los Santos. Pero en tiempos más recientes también se ha conocido como la Noche de Brujas o Noche de Difuntos. En esta dualidad de nomenclatura estriba la primera polémica de esta fiesta. ¿Es una noche de santos o de brujas?
En principio, se conoce que la festividad tiene su origen en los Celtas, aborígenes de buena parte de Europa antes de la llegada de los romanos. Actualmente se celebra principalmente en los Estados Unidos, Canadá, Irlanda, el Reino Unido y en algunos países no anglosajones como México y Colombia. Tiene origen en la festividad celta del Samhain (noche de difuntos) y que luego tuvo su equivalencia cristiana del Día de Todos los Santos. Esta es una celebración secular aunque algunos consideran que posee un trasfondo religioso. Los inmigrantes irlandeses transmitieron las versiones más populares de esta fiesta a América del Norte, al migrar al nuevo continente debido a la llamada gran hambruna irlandesa de 1840.
Los antiguos celtas, según nos indica Wikipedia, creían que la línea que une a este con el Otro Mundo se estrechaba con la llegada del Samhain, permitiendo a los espíritus (tanto benévolos como malévolos) pasar a través. Los ancestros familiares eran invitados y homenajeados mientras que los espíritus dañinos eran alejados. Se cree que el uso de trajes y máscaras se debe a la necesidad de ahuyentar a los espíritus malignos. Su propósito era adoptar la apariencia de un espíritu maligno para evitar ser dañado.
El Samhain también era un momento para hacer balance o inventario de los suministros de alimentos y el ganado, para así estar mejor preparados para el invierno.
Cuando los conquistadores romanos llegaron a estas tierras, asimilaron la celebración que además coincidía con la llamada festividad de la cosecha (en honor a Pomona la diosa de los árboles frutales) que en Roma era celebrada justo a finales de octubre.
Con la llegada del cristianismo esta fiesta se adaptó a la conmemoración del Día de Todos los Santos. Por ello la iglesia, en los años del papa Gregorio IV (827-844), trasladó la fecha original de este santoral, del 13 de mayo al 1ro noviembre, para hacerla coincidir con la popular fiesta.
Como ya comentamos, en 1840 esta festividad llega a Estados Unidos, donde queda fuertemente arraigada. Los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de la tradición y fueron ellos los que difundieron la costumbre de tallar los “Jack-o’-lantern” o calabazas huecas con una vela adentro, inspirada en la leyenda de Jack el Tacaño. De los irlandeses viene también la costumbre del truco o trato o “Trick or Treat” que hasta nuestros días es un reconocido pregón que repiten los niños.
Sin embargo, la fiesta no comenzó a celebrarse masivamente en Estados Unidos hasta apenas 1921. Ese año se celebró el primer desfile de Halloween en Minnesota. A este “éxito” le siguieron otros estados. La fiesta adquirió una progresiva popularidad en las siguientes décadas.
Hasta esta parte, la historia de Halloween es “muy sana”. Asociada sólo a homenajear a los que ya no están y recordar a esos santos que con su vida ejemplar nos sirven de referencia.
¿Cuándo se volvió esta celebración en una “noche de brujas”? La culpa, según algunos investigadores del tema, la tuvo el cine. Sobre todo a partir de 1970. Para otros, se ha tratado siempre, desde las primeras manifestaciones lideradas por los hechiceros o Druidas Celtas, de una noche de oscuros rituales o “Noche de Satán” que lamentablemente cuenta con el aval del calendario católico.
Quienes afirman que el cine le dio el toque satánico a esta fiesta, reseñan que fue concretamente en 1978, cuando el sentido de la celebración tomó otros rumbos. Ese año se estrenó en Estados Unidos y otras partes del mundo “La Noche de Halloween”, de John Carpenter; una película que supuso una referencia para el cine de terror; con innumerables secuelas e imitaciones.
El hecho de que esta fiesta haya llegado hasta nuestros días es, en cierta medida, gracias al enorme despliegue comercial y la publicidad generada por el cine estadounidense. La imagen de niños correteando por las oscuras calles disfrazados de duendes, fantasmas y demonios, pidiendo dulces y golosinas a los habitantes de un oscuro y tranquilo barrio, ha quedado grabada en la mente de muchas personas.
Quienes consideran Halloween un rito satánico, de insospechadas intenciones, han alzado su voz casualmente en las últimas décadas. Hace cien años por ejemplo, esta fiesta no tenía mayores detractores. Enfaticemos además que fue la propia iglesia de Roma la que le dio una fecha fija y propósito en el calendario.
Hay que destacar sin embargo que, en los inicios del cristianismo, ni las autoridades católicas ni los sacerdotes, nunca vieron con buenos ojos las costumbres paganas de los celtas ni de cualquier otra cultura que no se supeditara a los mandamientos y la Biblia.
Quienes se oponen a Halloween y la interpretan como una celebración “maligna” dan un listado muy grande y nada despreciable de argumentos para evadir estos “ritos”. Hasta citan a la Biblia: “ ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5:20)
Afirman que esa noche se “liberan los espíritus del mal”. Es una velada en lo que todo lo maligno confluye y atenta contra el bien. Es el gran momento para brujas y sectas satánicas.

En cierto modo, nos les falta razón. Esa noche es un caos. Según reportes ofrecidos por algunos cuerpos policiales de varios países, “la noche de brujas”, es la jornada del año que tienen mayor actividad. Deben controlar el vandalismo, la violencia y los múltiples incendios que se producen en muchos lugares.
Además de esto, siempre se indica que la comunidad debe estar “alerta con la delincuencia”. Los maleantes esperan esa fecha para realizar, no sólo robos, sino también hasta violaciones y asesinatos. Los que se oponen a Halloween incluso afirman que en noches como esa ha habido sacrificios de personas y niños.
Una de las advertencias más frecuentes a propósito de Halloween, es la de tener cuidado con los dulces, ya que se ha insistido que en ocasiones niños y jóvenes se han intoxicado y hasta muerto debido al consumo de golosinas envenenadas.
A estos detractores se le suman quienes afirman y no con poca razón que se trata de una celebración “típica gringa” y que nada tiene que ver con tradiciones de otras latitudes como por ejemplo en nuestra América Latina. Para muchos es incluso “ridículo” que disfracemos a nuestros niños en esta velada.
Como vemos Halloween da para todo: para festejarlo, para satanizarlo y hasta para hacer arder nacionalismos.
¿A usted qué le parece?

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